Ver el agua transparente no siempre significa que esté limpia o apta para el baño. Un balance químico inadecuado no solo causa irritación en la piel y ojos, sino que puede deteriorar progresivamente los revestimientos y los equipos de filtrado. Mantener los niveles bajo control es más sencillo de lo que parece.
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1. El pH: El corazón del agua (Rango ideal: 7.2 – 7.6)
El pH mide la acidez del agua. Si está por debajo de 7.2, el agua se vuelve corrosiva y puede dañar bombas y juntas. Si supera el 7.6, el cloro pierde hasta un 80% de su efectividad y el agua se vuelve turbia.
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2. Cloro Libre: Desinfección constante
Es el encargado de neutralizar bacterias y microorganismos. Debe mantenerse entre 1.0 y 3.0 ppm. Un error común es añadir exceso de cloro cuando el pH está desajustado; corrige siempre el pH primero.
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3. Filtración: El complemento indispensable
Los químicos hacen el 50% del trabajo; el sistema de filtrado hace el resto. Durante los meses de mayor uso, la bomba debe funcionar entre 6 y 8 horas diarias para asegurar la recirculación completa del volumen de agua.
Revisar estos parámetros una o dos veces por semana te ahorrará gastos mayores en químicos correctivos o reparaciones de equipos. Si notas desbalances persistentes o turbidez que no cede, agenda una visita con nuestro equipo de mantención especializada.

